• Hermosillo, Sonora, México a     |  Año 24 No. 724    

Lástima  Margarito….

Azalea Lizárraga / azaleal@prodigy.net.mx




Nota publicada: 2018-07-27

Desde siempre, algunos utilizamos el bagazo del café como abono para plantas.  El resultado es asombroso: hojas grandes y de color más intenso, abundancia de flores, follaje y/o pasto más profuso y verde. Un abono natural que produce el nitrógeno que las plantas necesitan para lucir espectacularmente bien cuidadas, un poquito de agua y listo.
Por ello, nos causó una agradable sorpresa percatarnos que en las estaciones de Caffenio empezaron a promocionar bolsitas con bagazo de café como abono para plantas.  
Excelente idea para cuidar el medio ambiente,  pensamos al verlas. Sorpresa nada placentera percatarnos que venden el bagazo.
Si los estrategas publicitarios de la imagen de la empresa Caffenio consideraron que vender el bagazo del café que utilizan para la elaboración de sus productos ayudaría a elevar la percepción que los consumidores tenemos de la empresa y verla ahora como una empresa ecológicamente responsable, equivocaron la estrategia. 
¿Qué tanto le puede costar a la empresa retribuir a los consumidores un producto que ya pagamos y contribuir además al cuidado del medio ambiente? Como dice una ecológica amiga universitaria, podrían, cuando menos, ofrecer el bagazo  gratis y cobrar un extra solo si requieren de una bolsita para llevarlo. De entrada, se  quitarían algunos epítetos medios despectivos de por medio….

Cambios y exigencias…
Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia, escribió Marcel Proust, un escritor francés del siglo XX; una frase que debiéramos hacerlo nuestra en estos momentos en los que se está gestando la metamorfosis que habrá de impulsarse en nuestro país.
 
Le sumo lo que dice uno de los anuncios con los que, todavía, un partido político nos bombardea vía las ondas hertzianas de la radio: “Exigir es un derecho”, y que se nos antoja como punto de partida para implementar acciones que puedan conducirnos por el sendero de la “reconstrucción” nacional que se espera impacte desde el plano local hasta las altas esferas del poder en nuestro país.

Lamentablemente, algunos funcionarios públicos no entienden todavía el verdadero significado de su presencia en el cargo que ostentan o el que pronto ocuparán.  Son “improvisados” que, por  lo general, consideran que es una concesión divina por su servicio a las causas del partido en el que militan; una deferencia magnánima que la persona que llegó a la cima del poder político les otorga por sus cualidades políticas o profesionales; o simplemente,  se lo deben a la buena suerte de que el compadre o el amigo de siempre pertenece ahora al círculo de poder y, obvio, lo eligió para que lo ayudara a quedar bien “apacientando” el rebaño y/o cuidando su imagen e intereses.

Buena falta que nos hace tener funcionarios probos, una rara virtud en los tiempos actuales, que por definición se vincula con la rectitud y la honestidad de una persona; un “individuo probo es honesto, honrado e íntegro, que actúa de acuerdo a las normas morales de su comunidad y respeta las leyes, sin cometer delitos ni faltas éticas”.  

Ahora que si le podemos agregar que debe ser un profesional en su ámbito de competencia y que proceda a rodearse de quienes tengan conocimientos y sensibilidad para dar respuesta a las necesidades de los ciudadanos que a ellos acuden, puede que estaríamos ante un ejercicio eficaz y eficiente en las responsabilidades conferidas y, ojalá, con resultados que se reflejen en mejores condiciones de bienestar social.

Por ejemplo, que se elijan buenos perfiles para los liderazgos y/o el personal involucrado en el sector Salud, ¿sería mucho pedir?

Escuchaba recientemente la entrevista hecha a una diputada local electa que manifestaba que para no marearse con el ejercicio del poder, habría de tener la mirada hacia el cielo pero los pies bien puestos sobre la tierra.  Ojalá y pueda lograrlo, porque luego surgen los “asegures” y, sobre todo, los aduladores que nunca faltan y que los elevan a esferas inimaginables y empiezan a sentirse Mesías, pero ciegos y sordos a lo que los ciudadanos esperan ver y sentir como reflejo de esa reestructuración que tenga al bienestar ciudadano como eje central.

Esos cambios que tantos ofrecieron como promesas de campaña, pero que lamentablemente no llegarán a  concretarse, cuando menos no en el futuro inmediato porque, de entrada, se requieren adecuaciones a la normativa vigente, modificaciones hasta constitucionales que pudieran seguir siendo parches para beneficio de unos cuantos y sufrimiento de muchos, sobre todo de aquellos que ni siquiera alcanzan el mínimo de bienestar social.




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